Hace varios años atrás, contar con un Sistema de Gestión ISO 9001, 14001, 15189, etc. certificado o acreditado (según sea el caso) era una ventaja competitiva para las pocas empresas que contaban con ese reconocimiento, pues en ese momento eran las únicas en tenerlo.

Cuando sale una normativa por primera vez es normal que ocurra que las implementaciones y certificaciones se concentren en unas pocas empresas que por lo general ya son líderes en su industria. Esto tiene varias razones. Algunas de ellas son las siguientes:

  • El costo de la implementación, así como de la certificación, es muy alto ya que las personas competentes en el tema son muy pocas. A medida que otras personas se van formando empiezan a ofrecer servicios de asesoría y auditoría por lo que empiezan a bajar los costos y se hace más asequible para las empresas contratar esos servicios.
  • No saben que beneficios podría traerles la implementación del sistema. También, algunas podrían no necesitarlo en el momento ya que no existe presión por parte de sus clientes ni del mercado. En pocas palabras, tienen una visión a corto plazo. Tan pronto el mercado empieza a exigir la adopción de normas ISO estas empresas empiezan a correr para obtener su certificación de la noche a la mañana.
  • También podría ser una combinación de ambas. Por ejemplo, la organización puede haber evaluado que el beneficio vs el esfuerzo de implementar el sistema no sea suficiente para justificar la inversión en el presente, sin embargo lo establecen dentro de su plan estratégico para los próximos años, ya que en esa misma evaluación se dieron cuenta que en un futuro podría ser un requisito indispensable para poder entrar a otros mercados o permanecer en los que ya están.
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